Haga Patria: anótese y termine las cursadas

MENAi

22 nov 2017

 

 

En los tiempos que corren está de moda ser detractor. ¿Detractor de qué? Sin tener que ir más allá de una vuelta manzana: de la salud pública, del transporte nacional, de la libertad de prensa, de los derechos laborales, de los civiles, de los humanos, de la educación pública; y más, mucho más. Cosa grave, que no se entiende y cuando se entiende, da un poco (bastante) de miedo. Son tantos los campos abiertos que hoy me voy a detener sólo en el último ítem.

 

De un tiempo para acá, pareciera que las universidades sobran, que los presupuestos eran dignos de impulsar viajes espaciales y que ningún alumno es capaz de responder el cuestionario de un examen básico. Eso sí, los premios y reconocimientos internacionales por el nivel académico de nuestras instituciones siguen llegando y los descubrimientos e investigaciones llevados a cabo por los profesionales egresados en nuestras casas de estudio continúan siendo elogiados. Pero (porque siempre hay un “pero”), en la Argentina todos son burros, vagos e inoperantes. Qué contradicción.

 

Claramente, es todo una falacia. Lo primero es una realidad y, en consecuencia, la segunda afirmación queda refutada. Ahora bien, hay una cuestión que me preocupa. Es sabido que en la oferta de formación profesional pública y gratuita se incluyen todo tipo de cursos y talleres que, además, expenden certificados que corroboran la presencia de los estudiantes. Los llamados a inscripción se abren una o dos veces al año y las clases suelen tener un tope de 12 encuentros semanales. Algunas de estas opciones, cuando no son absolutamente gratuitas, se financian con bonos contribución o un pago casi simbólico.

 

En muchos de los mencionados espacios de formación hay una situación que se repite, aunque no cuento con las estadísticas formales que la verifiquen, pues éstas refieren principalmente a la deserción en el nivel escolar. Sin embargo, no sería ilógico que el mismo patrón se repitiera en otras escalas; es decir, que el grado de abandono a cursos y talleres sea, por lo menos, preocupante.

 

Los cupos son limitados porque las capacidades edilicias de los institutos no pueden resistir más que una cantidad establecida de alumnos. Entonces, dependiendo del taller y del prestigio del lugar, conseguir una vacante es más o menos difícil: puede llevar horas de espera y una cola interminable o apenas una llamada por teléfono. Independientemente de esto, (casi) siempre ocurre lo mismo. Por ejemplo, un grupo que inicia con 25 integrantes, finaliza el tramo con la mitad de la matrícula en los mejores casos.

 

Para ser justos, ocurre que en reiteradas ocasiones el enfoque de la enseñanza no era la esperada, los horarios terminan por superponerse con otras obligaciones y variados etcéteras… ¿Y el resto? Porque no sólo se trata del compromiso moral que supone haberse quedado con el sitio de un otro desconocido que podría haber estudiado el módulo completo, sino con un deber ciudadano de utilizar responsablemente los bienes del Estado… Y cada abandono es una estadística que engorda el argumento miserable de que “en la Argentina no estudia el que no quiere”, de aquellos que buscan recortar estas opciones que son fundamentales para seguir luchando por una sociedad más igualitaria.

 

Haga Patria, poniendo el cuerpo en el aula.

 

Es él

MENAi

23 oct 2017

 

 

Es Santiago. Está muerto, pero pareciera que al mismo tiempo está más vivo que nunca; pero eso es injusto, eso es injusto, repito, y no le alcanza a nadie.

 

Fueron días difíciles, estos en los que la incertidumbre comenzó a transformarse hasta tener la cara de una verdad –realidad- atroz; y la esperanza de la aparición con vida, también mutó: ahora tiene la cara de quien exige justicia. Entonces se esgrime una incertidumbre nueva, como el eslabón de una cadena sin final que intenta siempre dominarnos: ¿Habrá justicia?

 

Todos pensamos, todos hablamos, todos escribimos. No puedo explayarme mucho más, no puedo decir nada que no se haya dicho ya. Comparto, únicamente, un intento de poema que salió al momento en que casi todos tuvimos ganas de llorar (me gustaría poder quitar el “casi”, pero bien sabemos que no se puede, porque no fuimos todos, en efecto).

 

Lo comparto porque, aunque no puedo decir nada que no se haya dicho ya, tampoco podía dejar de decir algo.

Ilusos, estúpidos ilusos, más que ilusos:
despiadados ignorantes,
multiplicadores de todo por cero,
creen que extinguiendo la vida
nos dejan a la mala de algún dios.
Pobrecitos ustedes, que no saben nada.
Peor todavía:
Pobrecitos ustedes que no sienten nada.
Los muertos están con nosotros,
nos hablan, nos acompañan,
hacen renacer las conciencias,
se multiplican por miles.
Ustedes, que hicieron mal las cuentas,
que hacen el mal a propósito,
ustedes, que se creen vivos,
miren su alrededor:
Es un montón de nada,
la más absoluta, desierto estéril.
Los muertos viven en todos nosotros.
Y van a gritar.
Son ustedes los que están solos.

 

Menos pan, nos quedamos con las tortas

MENAi

09 oct 2017

 

 

En los últimos días, fuimos testigos de un episodio homofóbico que volvió a poner en relieve una situación más que preocupante a nivel social: una pareja de mujeres fue detenida por la policía por besarse en público, en la estación de Constitución. Debido a las características del hecho, “lesbofobia” fue el término con el cual se resumió la cuestión. Lo más preocupante es que, a todas luces o, mejor dicho, a falta de ellas, como si volviéramos a sumirnos en el Oscurantismo, no se trata de un hecho aislado, sino de una manifestación encadenada de intolerancia in crescendo en distintos puntos del país.

 

Ante esto, pudimos leer los cientos, miles de comentarios que los usuarios fueron dejando en los portales de noticias que dieron difusión al hecho… Comentarios cargados con agravios, insultos y debates religiosos para una cuestión que debió zanjarse desde el principio: las víctimas están casadas y esto es absolutamente legal en el suelo argentino, detalle que debiera ser menor si de libertades hablamos, pero que resalta cuando les exigen un certificado de matrimonio que demuestre su vínculo en una actitud puramente discriminatoria. Sin embargo, ¿cómo esperar que un sector comprenda este marco cuando son las propias fuerzas de seguridad -que deberían proteger de estos embates de odio- las primeras en negarlo? La explicación no fue suficiente para la cíber-turba enardecida, los testimonios de quienes estuvieron allí tampoco alcanzaron. ¡Ver para creer! ¡Y fue entonces que tampoco los videos saciaron su sed de pruebas!

 

Hay quienes incluso esgrimieron justificaciones banales: Mariana Gómez estaba fumando en un espacio cerrado. Rocío Girat quiso impedir que detuvieran a su esposa. Repasemos el listado interminable de barbaridades, desacatos y resistencias a la autoridad: fumar y besarse, y... fin. ¡Que Dios nos salve de tener que ver el día en que las mujeres osen vestir pantalones, estudiar y votar! ¿Cómo? ¿Eso ya pasó?

 

Por otro lado, tenemos a “Las Estrellas” más famosas todas las noches, acompañando la cena de muchas familias. Una de las parejas que más sorprendió, no tanto por su temática como por el rating que dispara, es la que protagoniza la historia de amor entre dos mujeres llamadas Jazmín y Florencia. Sí, de a-m-o-r.

 

En cada acercamiento que hace sufrir a la audiencia (en el buen sentido del suspenso telenovero), los comentarios también se catapultan -vaya novedad- en las redes. El color de esta situación empieza a cambiar, se hace más rainbow, si se quiere, porque lo que sucedió, además de lo obvio (la cíber-turba cumple horario corrido), es que consiguieron conformar un gran séquito de fanáticas y fanáticos que aman, odian, ríen y lloran junto a las enamoradas.

 

Acá las chicas también se besan, pero ningún cigarrillo atrapado en el espacio cerrado del decorado prefiere el pan y, como es una tira diaria, nos quedamos con las tortas. Ya va siendo hora de que la realidad supere la ficción, ¿no te parece?

 

El reggaetón no se mancha

MENAi

17 oct 2017

 

 

De los creadores de “Menos mal que no escuchás reggaetón”, llega el éxito imperdible: “¿Quién es Messi? No estoy enterado de eso que llaman fútbol”. Más de cien mil intelectualoides ya la recomendaron.

 

¿Quién no ha escuchado alguna vez la primera frase? Ni hablar de la siguiente, que en los últimos días fue publicado y dicho hasta el hartazgo en redes sociales y en persona. Estos comentarios muchas veces se desprenden de apreciaciones completamente sinceras, pero no por ello dejan de hacerme ruido.

 

Cada vez que me presento o me preguntan qué música escucho, me resumo en la frase “Soy fanática de Pimpinela”. La sorpresa de los demás ya no es una sorpresa para mí. Me han respondido de todo: Que es grasa, mersa, cursi, bizarro, chapado a la antigua. Es probable que haya una cuota de razón en esto, pero hubo alguien original que me dijo “Por lo menos no escuchás reggaetón”.

 

Viajé en el tiempo y caí en una clase de portugués. La profesora nos interpelaba justamente sobre este tema. Salvando las distancias con los ejemplares musicales que son machistas y denigrantes, ella relataba los inicios del tango y de la cumbia villera, y sus temáticas controversiales para cada época. Afirmaba que, al igual que a estos géneros, había que darle al reggaetón tiempo suficiente para que fuera madurando tanto en su composición musical como lírica.

 

Dicho y hecho. Aunque en la actualidad continuamos teniendo lamentables versiones que minimizan y cosifican a la mujer, también son más los exponentes que dan cuenta de historias de amor correspondidas o fallidas, de hechos variados de la vida que merecen ser contados, en especial las problemáticas sociales. Sin embargo, a pesar de que estos temas son una expresión cultural de muchos sectores latinoamericanos, abundan los sobreanálisis sobre este género -que no por “sobre”, son profundos- por parte de los amantes de la “buena” música que, completos hacedores de la verdad, aseguran que el reggaetón directamente ni siquiera merece alistarse en la columna de la música porque no lo es.

 

No es casual que sean estas mismas personas quienes hayan hecho un derrotero descalificador de quienes son apasionados por el fútbol, como si en vez de un cerebro para interpretar tanto una estrategia de once como la manipulación de una noticia tuvieran en la cabeza una tarjeta roja nunca dispuesta a cobrarle una falta a la realidad. En medio de un sinfín de controversias que son, por supuesto, discutibles (y debatibles), la selección logró clasificar al Mundial que se jugará en Rusia.

 

Es comprensible que, dada la realidad socioeconómica que atraviesa nuestro país, no seamos pocos los que desconfiamos del uso político que se le otorgará a esta competencia que tanto entusiasma a la población y creo que es válido poner esta carta sobre la mesa. Pero permítanme dudar de aquellos que aseguran no saber, no enterarse, no estar al tanto de nada, pero siempre aprovechan la ocasión (¡qué oportuna coincidencia!) para expresar este supuesto desconocimiento. Metros de cancha de falsa modestia, quizás, o de soslayada superioridad que acaso entra a escondidas en el entretiempo y se quiere robar la pelota, que sólo es un poco de alegría en estos tiempos preocupantes que corren y corren, aunque nos llenen el pecho de frío.

 

Quien aquí les escribe es una abstemia futbolística y una limitada oyente del reggaetón que hace sólo de vez en cuando alguna excepción a su propia regla. Dándome igual la clasificación, pero al tanto de la misma, no me pongo contenta, pero respeto que otro pueda sentirse satisfecho con el revés del marcador y me permito ser feliz con “Desencuentro” de Residente, poesía desprendida del reggaetón. Qué tanto.

 

por Florencia Báez

  loli

No existen las casualidades, tampoco el destino, solo existimos y vivimos.  Vamos por el mundo tomando decisiones que nos dejan en distintas estaciones.


A veces pensamos que existe un hilo mágico que nos conecta con los demás para lograr encontrarnos, pero hay que estar seguro de que si no buscamos hasta lo más profundo seguiremos parados en el mismo lugar.  Justificamos nuestras acciones e impulsos y los llamamos destino para darle un realismo mágico a las decisiones que tomamos a cada momento.


Dejé de creer en el "qué hubiera pasado si" porque aquella decisión fue otra y porque el “pasado pisado” está.  Me gustaría contarles una historia sobre el destino ya que todos fantaseamos un poco con eso de ser únicos, pero la realidad mata al cuento.


Ya no creo en aquellos que justifican todo y no mueven o patean el mundo para crear cosas distintas.


Estoy segura que los planetas se van a alinear y que mañana habrá estrellas fugaces, pero el creador de la verdadera magia en el mundo real es uno mismo.


Y si no pasó, ya fue, no es el destino, sos vos.


Es tiempo de tomar decisiones.  Después de todo, así surgen los encuentros.