por Candela Saldaña - 01 abr 2019

 

 

Un año antes del regreso a la democracia mediante la elección de Raúl Alfonsín como Presidente de la Nación, que puso fin al infame régimen de la última dictadura militar iniciada en 1976, ocurrió uno de los sucesos más tristes y trágicos de nuestra historia, que marcó a todo un país: la Guerra de Malvinas.

 

Fue la culminación de la vocación bélica demostrada por los generales del Proceso durante esos años.  La historia de la lucha por nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas comienza en 1833, cuando fueron ocupadas ilegítimamente por los británicos. Se trató de un verdadero atropello a nuestra soberanía territorial, a partir del cual nuestros gobiernos reclamaron permanentemente desde entonces.

 

En 1965 la cuestión llegó a las Naciones Unidas, que dispuso que los dos países debían negociar, sin que el tema avanzara demasiado desde entonces.  A pesar de la corriente anticolonialista existente en el mundo desde fines de la Segunda Guerra Mundial, los ingleses no se mostraban dispuestos a reconocer nuestros derechos.

 

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La cuestión de las Malvinas -“la hermanita perdida”- es un tema de honor nacional para todos los argentinos.  Para la dictadura, la ocupación militar fue un recurso apresurado que tenía un solo propósito: recuperar el prestigio de un gobierno desacreditado, apelando a un hecho muy sensible al sentir de casi todos los argentinos.

 

La Junta Militar vio en el inicio de una guerra para recuperar las islas la posibilidad de lograr un aglutinamiento social.  Y de hecho, la guerra despertó en gran parte de la sociedad un sentimiento de nacionalismo que por un momento superó cualquier tipo de identidad.  De ese modo, el sentimiento de pertenencia a la nación, reforzado por la oposición a Inglaterra, despertó voces que apoyaban a la Argentina como un todo indiviso y acallaron momentáneamente a las otras, a las que se oponían al régimen.

 

Los medios de comunicación ayudaron mucho en esta operación.  El gobierno autorizó a un solo corresponsal para cubrir la guerra, con lo cual la información que se obtenía era muy sesgada.  Por otro lado, muchos medios de comunicación publicaban datos falsos acerca de las bajas del ejército inglés y las victorias del ejército argentino.  Pero la realidad era muy distinta.

 

El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas y las ocuparon rápidamente, luego de vencer la resistencia de unas pocas tropas británicas.  En lo inmediato, esta acción representó un triunfo político del gobierno, ya que casi toda la sociedad argentina manifestó su apoyo.  Así lo hicieron los sindicatos, los partidos políticos, los clubes deportivos y hasta las colectividades extranjeras.  El entusiasmo popular fue desbordante, manifestándose el mismo clima festivo y triunfalista que se había dado durante el Campeonato Mundial de Fútbol, en 1978.

 

Así mismo, el pueblo argentino dio un total apoyo a la decisión del gobierno militar, no sólo con su voz sino también donando ropa, joyas, dinero, alimentos no perecederos, agua y todo lo que podía ser de ayuda para los chicos de la guerra.

 

Frente al desembarco del ejército argentino la respuesta de Inglaterra fue decisiva.  El 2 de mayo, un submarino inglés bombardeó al Crucero General Belgrano, hundiéndolo y dejando como saldo 300 muertos.  Entre el 20 y el 21 de mayo las tropas inglesas finalmente desembarcaron en las islas, lo que hizo inminente la derrota argentina.

 

Las tropas inglesas se enfrentaban con un ejército compuesto en su mayoría por chicos de 18 y 19 años que se encontraban haciendo el servicio militar obligatorio y no tenían la preparación necesaria.  A esto se sumaba la deficiencia de armamento del ejército argentino respecto del inglés, como también errores políticos y diplomáticos como la expectativa de que Estados Unidos apoyaría la reivindicación argentina, lo que no sucedió.

 

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La etapa siguiente fue protagonizada por nuestra fuerza aérea, que bombardeo a la flota británica, ocasionándole grandes pérdidas, aunque no pudo detener su avance.  El 24 de mayo, los ingleses desembarcaron y comenzó la etapa final de la lucha.  El 14 de junio la Argentina se vio obligada a capitular.  El saldo del conflicto fue un gran número de prisioneros de guerra, 730 muertos y 1300 heridos de gravedad.

 

La derrota fue recibida con mucha sorpresa por parte de una población que había manejado una información distorsionada durante el conflicto.  Ahora quedaba en evidencia que los jóvenes conscriptos habían sido enviados a combatir en una guerra sin la preparación militar necesaria, sin los armamentos adecuados, ni elementos básicos como abrigo y alimentos.

 

Lamentablemente, este hecho fue lo que más marcó a las generaciones de la dictadura y a las que le siguieron.  Ya que después de todo lo que vivimos, sufrimos y padecimos como país, ¿qué es la historia sin Malvinas?  Qué es de nosotros como argentinos si olvidamos el sacrificio de todos aquellos hombres que lucharon por una causa que no les correspondía, decidida por un gobierno que no eligieron y para la cual no contaban con el apoyo que necesitaban.

 

Muchos, valientemente dejaron cada fibra de su alma combatiendo.  A otros, los perseguirá el recuerdo de los estallidos de cañones y balas.  Junto con el  palpitar de sus corazones cansados y abatidos por ver morir a sus amigos, compañeros y patriotas en el frío suelo de aquellas islas del sur.