por Patricia Grau-Dieckmann - 24 dic 2021

 

Fidias (480-430) ejecutó tres estatuas de la diosa protectora de Atenas, Palas Atenea, para la Acrópolis de esa ciudad. La más renombrada en la historia del arte fue la llamada Atenea Partenos, una imagen criselefantina (de oro y marfil) que representaba a la diosa —hierática e imperturbable— con toda su magnificencia, que se encontraba en la cella del Partenón, el recinto más recóndito del edificio.

 

Fue considerada la estatua más impresionante, más afamada y más espléndida de todos los tiempos, pero fue destruida por un incendio que ocurrió entre 429 y 485 de nuestra era. Anteriormente ya había sido desguarnecida del oro y del marfil que la recubrían.

 

Tenía unos doce metros de altura y los brazos y el rostro estaban recubiertos por placas de marfil. Su vestimenta y adornos (collar y brazaletes) eran de oro puro. Se calcula que todo el oro pesaba unos 1.150 kilos. Los ojos glaucos (color verde claro) de la diosa estaban representados por dos fastuosas esmeraldas que brillaban en la penumbra de la cella abrillantadas por la luz reflejada que entraba por la puerta, ya que el Partenón carecía de ventanas o claraboyas.

 

Terminada en 438 a.C. la imagen causó tal impacto en la sociedad que inmediatamente comenzaron a hacerse copias en distintos soportes: monedas, gemas, pequeñas estatuas. Estos objetos, muchos de los cuales aún se conservan, así como los testimonios literarios sobrevivientes, han permitido que la renombrada obra maestra de Fidias haya podido, aunque pálidamente, reconstruirse.

 

Las reproducciones sobre cómo debía lucir se han hecho principalmente en base a la Atenea Varvakeion, pequeña copia de la Partenos, que se encuentra en el Museo Nacional Arqueológico de Atenas.

 

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Atenea Varvakeion, Museo Nacional Arqueológico de Atenas

 

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Atenea Varvakeion, Museo Nacional Arqueológico de Atenas

 

Su casco estaba decorado con caballos alados (pegasos). En la mano derecha portaba una representación de la Niké, diosa de la Victoria, del tamaño de un hombre. En su lado izquierdo portaba una lanza y sostenía con la mano un escudo apoyado en el piso y en cuyo lado cóncavo aparecía una serpiente enroscada. La serpiente era el guardián de la Acrópolis, Erictonio. Había nacido de un asalto sexual de Hefaistos a Palas Atenea, la diosa virgen. El dios derramó su semen en el muslo impoluto de Palas quien, asqueada, se limpió con un trozo de lana que arrojó a la tierra. De esta unión de elementos nació Erictonio, que creció bajo la tutela de la diosa y se convirtió, según algunas versiones, en el primer rey mítico de Atenas.

 

Hoy en día, una cierta noción de cómo puede haber lucido esta colosal estatua es posible gracias a la reproducción que se encuentra en Nashville, Tennessee, Estados Unidos de Norteamérica, aunque el oro empleado es de apenas 3,9 kilos en comparación con los más de mil kilos originales.

 

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Reproducción de la estatua de Atenea Partenos. Nashville, Tennessee, Estados Unidos de Norteamérica.

 

La excelsitud y el porte de la estatua de la Partenos era un mensaje no solo para los atenienses, sino también para el resto de los pueblos civilizados: la diosa protectora de Atenas era la más bella, la más augusta, la más majestuosa y la más poderosa, estando por encima de todos los demás, dioses o mortales. Armada, siempre lista para el combate, era la cabal representación de lo que los pueblos debían comprender significaba Atenas.