por Leonardo Saphir – 19 nov 2021
Estoy en el presente. Como dije en el artículo anterior, condición necesaria para comenzar el estudio que me propongo realizar. Me parece que la mejor manera de entenderlo es con la prospectiva que todo el mundo conoce: el pronóstico del tiempo. Está a nuestra disposición todos los días desde que nos levantamos de la cama, consultamos nuestro celular o la computadora, escuchamos la radio o vemos la televisión. E inevitablemente, nos informamos del clima del día de hoy. El formato no difiere según la agencia que la provee: temperatura ambiente máxima y mínima, sensación térmica, grado de nubosidad, probabilidad de precipitaciones, humedad, viento, presión, índice UV (intensidad de radiación ultravioleta del sol), visibilidad, horario de salida y puesta del sol, son las más comunes. La información es hora por hora, las 24 horas del día. No solo es para el día de hoy, sino para mañana y para los próximos 10 días. Los datos nos dicen si tenemos que salir abrigados o con ropas más livianas, con paraguas o con piloto. La rutina para los especialistas de distintas actividades incluye otros usos, sean controladores y pilotos de aviones, barcos y otros medios de locomoción; las autoridades y personas relacionadas con la agricultura, ganadería, pesca y demás productos naturales; las Bolsas, Bancos y otras actividades comerciales y financieras que negocian con esos productos. Según el tiempo pronosticado para plazos mayores, resulta la cotización de los precios de los mercados a término; instituciones gubenamentales y privadas que elaboran estadísticas que reflejan proyecciones políticas y sociales y sus consecuencias. Tenemos así una cantidad de usos que utilizan las prospectivas.

En mi caso, el interés se centra en la proyección de la vida de los seres humanos si se cambia la manera de medir: el reemplazo del sistema decimal por el sistema octal de numeración.
¡¿Qué?! Sí: si en lugar de tener diez símbolos numéricos, del cero (0) al nueve (9), el sistema numérico tuviera ocho símbolos, del cero (0) al siete (7). ¿Y para qué serviría? La respuesta requiere más tiempo para responderla y es lo que me propongo a lo largo de estas notas. ¡Sería un descalabro general! Exacto. Debe ser un cambio gradual y bastante prolongado. ¿Qué tiene que ver con las predicciones de Isaac Newton? Mucho. Pero tiempo al tiempo.
Adelanto algunas características: si el año tiene 365 días y 6 horas, en el sistema octal tendría 8 meses o 453 días y 4 horas. El día tiene 24 horas; tendría 8 horas. Si la hora tiene 60 minutos, tendría 100 minutos. Si el calendario gregoriano indica los años transcurridos desde el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, estamos en el siglo XXI (veintiuno) y terminaría en el año 2048. La nueva era comenzaría el 1 de enero de 4001.

Estos serán algunos de los nuevos postulados. ¿Locura? Puede parecer, pero esperen lectores los fundamentos. ¡Hasta la próxima!
por Leonardo Saphir – 04 nov 2021
“El próximo testimonio lo daré en la siguiente entrega, donde personificaré a un señor llamado Isaac Newton”. Así terminaba el artículo anterior y me voy acercando al presente, hecho necesario para que la prospectiva tenga utilidad práctica. He salteado muchos acontecimientos importantes que le hubieran dado más fundamentos a este estudio, por la envergadura de los aportes de sus protagonistas como símbolos del avance científico y religioso de la prospectiva. Nombro algunos, no todos, como homenaje a su existencia: Jeremías, Isaías, Ezequiel, Daniel, el Apóstol Juan, el Mago Merlín, Muhammad (o Mahoma), Nostradamus, José Smith, Rasputin, Baba Vanga. Además, habría que agregar que en muchas civilizaciones hubo adivinos que aunque no se conocen sus nombres sí dejaron huellas: los egipcios, los monjes tibetanos, los profetas mayas, entre otros.

El caso de Isaac Newton es especial, ya que se destacó en el nacimiento de la Ciencia como tal y muchos de sus descubrimientos tienen esa base: la luz, la gravedad, los movimientos celestes, desarrollos matemáticos. Pero sus estudios espirituales tuvieron, en páginas escritas, al menos, más extensión y la novedad de que la fuente no fue exclusivamente la fe, sino análisis exhaustivos de antiguos profetas. Vivió en la segunda mitad del siglo XVII y principio del siglo XVIII, pero recién se conocieron en el siglo XX por imposición a sus albaceas. Hoy se investigan con mayor énfasis, dado su profesionalidad y genio científicos.
Su predicción del fin de los tiempos en el año 2060 adquiere tintes de preocupación, tanto de teólogos religiosos como precisamente de acreditados científicos.

Sucintamente, el profeta Daniel en el siglo 600 a.C, en el Antiguo Testamento, y posteriormente el apóstol Juan a fines del siglo I d.C, en el Apocalipsis del Nuevo Testamento, profetizaron ese fin con la noción de tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo. Para Newton, católico arriano, no cristiano, ese período lo interpreta como 1260 años a partir del año 800 d.C., fecha de asunción del último emperador romano Carlomagno: 360 años (tiempo), 720 años (tiempos) y 180 años (mitad de un tiempo), suman 1260 años.

Falta poco. ¿Se cumplirá la profecía? ¿Estamos transitando los últimos años del fin de los tiempos? El Apocalipsis habla del fin del milenio cuando Cristo reine en paz, pero soltará a Satanás para vencerlo nuevamente y arrojarlo a un lago de fuego, dando comienzo al Juicio Final donde Dios juzgará a todos los hombres y mujeres.
Hoy estoy escribiendo este artículo. Estupenda oportunidad para comenzar a prospectar.
por Leonardo Saphir – 02 oct 2021
Algo: designación de un subconjunto como una unidad de un conjunto más grande. Ejemplo: nada, algo, todo.
Más sencillo, imposible. Y el ejemplo nos sirve de introducción. La nada precede al algo. La importancia para este análisis es que el algo tiene un precedente, un estado anterior, a partir del cual se puede comenzar a desarrollarlo.
Claro, el lector puede pensar y no es incorrecto hacerlo, ¿para qué nos sirve hoy algo que pasó al menos 14.000 millones de años atrás? Bueno, lo único que le pido al lector es que me espere dos o tres notas más y ya me ubicaré en el hoy, que con razón me pide. Permítame ubicarme en ese ayer como si fuera hoy. Me sitúo en una época donde el tiempo recién comienza su recorrido. Justamente, el tiempo es el que le da dinámica a la acción. Repito lo escrito en la nota anterior: donde se partió de una nada estática (con las salvedades allí explicadas).

Explicación científica
El tiempo recién comenzó, avanza y van sucediendo nuevos hechos. Comienzo con uno muy importante. En aquella nada todo debió ser oscuridad y de repente se produjo algo: se hizo la luz. ¿Cómo se hizo la luz? Eso, ¡¿cómo se hizo la luz?! Existen dos explicaciones importantes, una científica y otra religiosa. La primera, sostiene que hubo una gran explosión, el llamado Big Bang. La segunda, cree que una inteligencia superior (tiene muchos nombres; la llamaré Dios) fue la creadora. Aquella da una explicación basada en la razón humana. Esta, originada en una divinidad y la fe.

Explicación religiosa
Sin entrar en mayores detalles, solo afirmo que la ciencia llegó a su conclusión con leyes que parten del conocimiento y concluyen con teorías especulativas, en el correcto sentido de la palabra. El ejemplo de la explosión del Big Bang es claro: hoy se habla del bosón de Higgs o partícula de ¿Dios? Así, se buscan respuestas a las estrellas, los planetas, los minerales, las plantas o los animales. En cambio, al asignar el origen del universo a un creador divino, “su voluntad” no admite ni análisis ni controversia. Es un acto de fe.
Pasó mucho tiempo. Y me detengo en la aparición del hombre, que tiene su origen en causas naturales, pero con un plus: su capacidad de razonar. Fue un hito producido hace dos millones de años. Por ello, nuestro próximo encuentro lo traslado a ese nuevo hoy y la prospectiva es a partir de él. El primer ser humano fue parido por una mona, dirían los darwinianos, o es el inicio del sexto día de la creación, dirían los teólogos.
por Leonardo Saphir – 16 oct 2021
“Pasó mucho tiempo. Y me detengo en la aparición del hombre, que tiene su origen en causas naturales, pero con un plus: su capacidad de razonar. Fue un hito producido hace dos millones de años. Por ello, nuestro próximo encuentro lo traslado a ese nuevo hoy y la prospectiva es a partir de él. El primer ser humano fue parido por una mona, dirían los darwinianos, o es el inicio del sexto día de la creación, dirían los teólogos”.
Así terminaba la entrega anterior; entonces prosigo. A medida que avanzo en la historia desde la nada y el algo, el panorama se va despejando. El verbo prospectar tiene sentido real desde el hoy y hacia el futuro. El pasado transcurrió y la incertidumbre se fue convirtiendo en certidumbre. Su estudio tiene dos objetivos principales:
-analizar las causas de los desvíos entre lo proyectado y lo real.
-servir de base de datos para los nuevos pronósticos.
En nuestro caso, el ejercicio, el hoy supuesto, acaeció hace dos millones de años. No obstante servirá para aprovechar o ejercitar, valga la redundancia, el intelecto. Por lo pronto, ya habían pasado 14.500 millones de años desde la creación del universo, y como se sabe, el bebé recién nacido venía con genes heredados y algún plus nuevo en su cerebro. En los cinco o seis primeros años de vida fue acumulando gran parte de sus condiciones cognitivas que desarrollará a lo largo de su vida. Y por propia definición, por ser el primer ser humano, también será el primer prospectante.

Dos cuestiones tienen que ser abordadas. Una, la científica y la otra la religiosa. La primera data el origen en restos de huesos descubiertos en 1974, y los estudios lo determinan en tres millones de años atrás (no en los dos millones de años, según nuevos estudios). Bautizada como Lucy, es una mujer. Pero en el mismo lugar, África, se encontraron restos de al menos cuatro o cinco seres humanos más de iguales características, pero no se determinó el sexo. Yo deduzco que alguno de ellos era varón: yo.

La otra, la religiosa, le adjudica la creación a Dios. Por lo pronto, en mi vida no existía la ciencia, y por tanto cuando tuve que razonar ante algún dilema que la vida me presentó, recurrí a mirar al cielo en busca de respuestas. Y las tuve. Recuerdo una: ante una pelea con otro humano, alguien puso en mi mano un palo para defenderme ante el ataque. Ese palo fue muy importante en mi vida en la colonia. Me dio prestigio y poder. Y a propósito de este hecho, luego tuve que pensar como mantenerlo y proyectarlo a través del tiempo. Esta es mi testificación.
El próximo testimonio lo daré en la siguiente entrega donde personificaré a un señor llamado Isaac Newton. Saludos a los lectores.
por Leonardo Saphir – 18 sep 2021
Aunque ya existe la palabra nada, ruego a los lectores me permitan la licencia de cumplir con la formalidad de definirla, para luego avanzar en explicar la nada.
Nada: inexistencia total o carencia absoluta de todo ser.
Analizar la prospectiva requiere indagar el tiempo pasado, corroborar el tiempo presente y formular el tiempo futuro. El transcurso del tiempo implica dinámica, no estática. Por tanto, ¿la nada es dinámica? No sé y no me meto en esa discusión. Pero voy a tratar de dar algunos ejemplos prácticos asimilables a la nada, de modo que sirvan para aclararla.
Negro: color definido como ausencia de color.
Vacío: es la ausencia total de materia en la definición de energía de Einestein: energía = ausencia de materia, dimensiones espaciales y temporales.
Reposo: inmovilidad de un cuerpo en un sistema de referencia que no existe.
Silencio: ausencia total de sonido.
Anosmia: ausencia del sentido del olfato.
Ageusia: ausencia del sentido del gusto.
Anausia: ausencia del sentido del tacto.
Insensibilidad: ausencia de la capacidad de sentir.
Ateísmo: ausencia en la existencia de deidades.
Ignorancia: ausencia de conocimientos.
Cero: es la expresión numérica de la nada.
Probabilidad cero: ausencia de posibilidad de ocurrencia de un acontecimiento.
Punto cero o de origen: inicio de intersección de coordenadas cartesianas.
Como se aprecia en la enumeración, son todos casos que denotan ausencia. Y ahora podría repreguntar: ¿son todos casos reales?, ¿existen o no existen? Yo modestamente afirmo que sí. Existen.
Y como son indicativos de carencia, existen tratamientos para solucionar, aunque sea parcialmente, los efectos negativos que ocasiona.
Para concluir y como dije en nuestra nota anterior, la prospectiva es una actividad humana que podemos afirmar también es una ciencia: la que trata de explicar aspectos negativos de la incertidumbre que acarrea el futuro. Desde que nos fue dada la capacidad de pensar, hubo, hay y habrá seres humanos que la practican, llámense brujos, adivinos, profetas o científicos.
El transcurso del tiempo confirmaron o no sus vaticinios, ya que no es una ciencia exacta sino probabilística. Y en el presente la ejercen desde los pronosticadores del tiempo hasta los planificadores del gobierno, las empresas, los econometristas y los escritores, entre otros.
Así, la prospectiva existe, es útil y por lo tanto, podemos seguir adelante.

En la próxima entrega continuaremos con el paso que sigue a la nada: el algo.



