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Entre el infierno y el diluvio

sigamos orando

por Osvaldo Pimpignano

2 feb 2017

 

 

Entre diciembre pasado y lo que corre de enero estamos viviendo un rara situación, que no por novedosa conmueve a nuestra Nación. Mientras se quemaban aproximadamente 1.600.000 hectáreas en La Pampa, Rio Negro y Buenos Aires, vastas zonas de las más pródigas tierras se inundan dejando el mismo manto de pérdidas y desolación que el fuego. En ambos casos todo hace suponer, aunque con tan opuestas manifestaciones, que tienen un mismo origen, la negligencia humana de diferentes capas sociales favorecidas, en desmedro de los menos favorecidos.

 

En el caso de los incendios, favorables condiciones climáticas permitió que en la pampa árida prosperan los pastizales naturales y lo poco que resta de los bosques nativos, pero quizás, esta no común situación, quiso ser equilibrada por la naturaleza y fue seguida de una gran sequía que convirtió la anterior lozanía, en combustible ideal para que una tormenta eléctrica desatara el infierno. Un infierno previsible si nos atenemos a que existen organismos de los tres niveles del Estado encargados de prevenir y contrarrestar estas catástrofes. Lo cierto, es que mientras el fuego consumía todo a su paso los funcionarios de los tres niveles dedicaban más tiempo en inculparse mutuamente, que en atender el problema que quedó mayoritariamente en manos de la sociedad en sus niveles voluntarios de organización.

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En el caso de las inundaciones ocurre algo semejante. Se está dando un uso irracional del suelo con prácticas agrícolas económicas muy favorables para los menos y desastrosas para todos los demás. Se abandonó la rotación de los cultivos que favorecen la sustentabilidad de la fertilidad del suelo, como sus condiciones hídricas para dedicarlos al mono cultivo de soja con efectos contrarios a los de la rotación, con el agravante que para expandir la frontera agrícola se arrasan indiscriminadamente los bosques nativos, los naturales reguladores del agua.

 

Buena parte de Córdoba, Santa Fe y el noroeste bonaerense están bajo agua desde hace casi dos meses en este último episodio. La primera queja es a la naturaleza, llueve de forma tal que no se tiene memoria de una situación semejante y culpan al clima y Cambio Climático. Aquí cabe recordar que no estamos en época del Fenómeno del Niño y que el Cambio Climático es causado por condiciones antrópicas, de modo que la única inocente es la naturaleza.

 

Pero retomando nuestro problema, deberíamos analizar la razón por la cual la lluvia ha colmado y sobrepaso diferentes cursos de agua y cuando estos o fueron suficientes la misma cruzó sin impedimentos a campo traviesa arrasando todo a su paso como lo hizo antes el fuego.

 

Según el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, (INTA) se ha modificado la capacidad de absorción del suelo, el agua, o no penetra o no encuentra vegetación que la absorba.

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Entre abril y mayo del 2003, la ciudad de Santa Fe que cuenta con defensas para detener las crecidas del Rio Paraná se inundó totalmente, pero en este caso por las aguas del rio Salado, que había pasado, las defensas que debían cubrir, en forma de triángulo invertido el flanco del Paraná y del Salado, pero esta última quedó incompleta para “no perjudicar” la cancha de golf de una notable institución santafecina, y por allí entró el agua y la defensa trabajó al revés y contuvo esta agua dentro de la ciudad. ¿Se trató de un accidente? No: la defensa debió terminarse (aún está incompleta) y por su parte el Instituto Nacional del Agua INA hacía tiempo que advertía del incremento permanente del caudal del Salado, pero nadie atendió al detalle ni tampoco preguntaron por el origen de este incremento. El INA lo atribuyó a la salvaje desforestación en Santiago del Estero (que todavía continua a pesar de existir una Ley de Bosques) y que hacía que las aguas santiagueñas, con campos desforestados y degradados por el monocultivo bajaran por declive al Salado y terminaran inundando Santa Fe. Sin duda este fue un enorme llamado a la atención de que se estaban, y se sigue, tratando mal al suelo.

 

Las consecuencias son enormes, pérdidas de bienes y vidas, poblaciones enteras inundadas, campos que costará mucho tiempo y dinero para tornarlos laborables. Según el Gobierno santafecino las perdidas en el sector agropecuario alcanzan los 1.000 millones de dólares en lo que todavía no se contempla la casi segura desaparición de la mitad de los tambos existentes. Desde 1995 a 2015 hay 19.041 tambos menos solo en Santa Fe, con un agravante, los propietarios de estos tambos tienen una sola opción, arrendar sus campos lo que son destinados al cultivo de más soja.

 

Según admitió hoy el ministro de Agroindustria de la Nación Ricardo Buryaile, la "situación de la lechería es grave" principalmente en Santa Fe, producto de las inundaciones, en sintonía con la de la soja y otros cultivos y agrego; "La situación de lechería es la más grave y, por supuesto, lo que es la siembra de soja", enfatizó Buryaile cuando el canal Todo Noticias (TN) le pidió una evaluación de las consecuencias de las inundaciones. Y amplió: "Las pasturas que se vienen haciendo fundamentalmente para tambos van a quedar degradadas".

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Pero el campo también esta matizado de pueblos y ciudades que también fueron arrasadas por el agua. Un caso tragicómico es el de Arroyo Seco, que a pesar de su denominación quedó totalmente bajo las aguas, al colmo que se inundó el centro de evacuados. El agua ingresó "a lugares que jamás se habían inundado", aseguró el secretario de Gobierno de la comuna, Gabriel Olivé. La ciudad de Rosario no escapó del agua de las lluvias locales y de la que bajaba desde Córdoba. Y aquí un ingrediente increíble, Córdoba ha perdido la mayoría de sus bosques nativos y a fines de diciembre se pretendió modificar la Ley de Bosques de manera de dar luz verde la eliminación de los pocos que subsisten arrasados frecuentemente por incendios, generalmente de origen no natural. Esta propuesta generó la repulsa de la sociedad civil y de algunos artistas locales como Raly Barrionuevo y Doña Jovita (seudónimo de José Luis Serrano). Estas manifestaciones, recibieron el nueve del corriente, como respuesta, de la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez), un duro comunicado, contra los artistas Raly Barrionuevo y Doña Jovita, quienes se manifestaron en contra de la modificación de la ley de bosques nativos en Córdoba. "Sorprende y preocupa la escasa valoración y respeto con que algunos artistas consideran estudios técnicos de marcado rigor científico cuando muestran atracción por el aplauso fácil de un público condescendiente", señalaba el comunicado de Cartez. Lo que no hizo público Cartez fueron los estudios, a que hacen mención, ni quiénes son sus creadores a pesar de contar con la página http://www.cartez.org.ar/ en la que podría exponerlos.

 

Cartez representa a los productores de Córdoba, San Luis, La Rioja y Catamarca. Quizás por esto ignoran que hay una relación directa entre los desmontes, la soja y las inundaciones, tanto en Córdoba como Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y todo el conjunto de las provincias sojeras. Lo cierto es que con la información a la vista los legisladores cordobeses no modificaron la Ley de bosques provinciales, al menos todavía. Sobre lo que no se expidió Cartez es sobre las inundaciones en las provincias vecinas, ¿Será por ignorancia o remordimiento?

 

Pero sí publicaron una nota, “Las lluvias que dejaron un alma rota”, comentando las desgracias de una “agricultora Pozo del Molle, que anda con el alma rota. Por enésima vez en los últimos cuatro años su campo volvió a llenarse de agua” y “Toda una vida de sacrificios junto a su marido tirada por la borda”. Y se pregunta; “¿cuánto tiempo se pueden sostener en pie explotaciones que en los últimos años perdieron cosechas, pasturas, pariciones o litros de leche?, ¿pueden ser viables económicamente regiones que ante el menor milimetraje de lluvia se inundan o quedan aisladas?” para agregar, “ La respuesta desapasionada es no”.  Y continúa afirmando que “Una lluvia en enero de 80 milímetros, que históricamente era como ganarse la lotería, ahora es suficiente para convertir estos campos en pequeños océanos” y hace mención al clima y afirman que “Como contrapartida en Córdoba, que mantiene una gran asignatura pendiente en frenar el agua de las sierras que inunda los mejores campos”.(1) Lo que no dice Cartez es que la falta de vegetación es la responsable de que el agua baje sin freno de las sierras.

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En el año 2005 fue publicado un informe de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación que informaba que en Argentina quedaban alrededor de 30 millones de hectáreas de bosque nativo. Un número sumamente inferior de las 100 millones que se pensaba que existían. Por esto en 2007 fue sancionada la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos (Nº 26.331) con el objetivo principal de detener los desmontes crecientes y proteger, de esa forma, los bosques nativos que aún quedaban en pie. La Ley de Bosques estableció que cada provincia debía sancionar una ley provincial, llamada “Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos” (OTBN). Los OTBN debían “ordenar” a los bosques provinciales en tres categorías según el valor de conservación, pero por lo general, las Leyes provinciales no tienden a proteger los bosques sino a dar rienda suelta a su aprovechamiento económico inmediato sin medir las consecuencias ambientales. Esta es la controversia que discuten los cordobeses.

 

Finalmente y para no cometer la misma omisión que Cartaz, traigo a colación una entrevista a Nicolás Bertram, investigador del INTA que con propiedad técnica afirma que: “El monte nativo absorbe 300 milímetros de agua por hora. Una pastura convencional (para el ganado) 100 milímetros. Y un campo con soja apenas 30 milímetros por hora.” La investigación del INTA explica que el cambio del uso del suelo es un factor fundamental para explicar por qué las inundaciones son cada vez más continuas y graves. “No estamos de acuerdo en que los excesos hídricos se deban a la falta de obras ni al exceso de lluvias, sino más bien a cuestiones asociadas al proceso de minería que sufre la agricultura y a la agriculturización de las últimas dos décadas principalmente”, afirma Nicolás Bertram, el investigador del INTA Marcos Juárez (Córdoba). También apunta a las responsabilidades del poder económico del agronegocios. (2)

 

Más claro, echale… No, no le echemos más agua; aceptemos la recomendación de Sergio Bergman: oremos.

 

(1)Nota completa en: http://www.cartez.org.ar/noticias/nacionales/4693-2017-01-21-11-32-56.html

(2)Nota completa en: https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-297922-2016-04-27.html