El ministro Etchevehere, entre ríos de glifosato
-primera parte-
por Osvaldo Pimpignano
02 ene 2018
Hace poco tiempo, me ocupé de la problemática que acarrean la “Modificación de las prácticas agrícolas”. En la misma, comentaba que la agricultura ha cambiado sus reglas dramáticamente, ya que del cultivo tradicional, que alguna vez nos dio el título de “granero del mundo”, donde los cultivos se rotaban para mejorar y conservar los suelos, hemos pasado a los actuales agronegocios, manejados no por agricultores, sino por fondos de inversión que compran o arriendan grandes extensiones de campos, para producir con métodos que podríamos denominar industriales.
La principal modificación introducida en las prácticas agrícolas es la falta de rotación de cultivos para la conservación de los suelos. Ya no se aran los terrenos, se utiliza la llamada siembra directa que compactan los suelos, impidiendo la adecuada absorción del agua de lluvia que, a juicio de algunos especialistas, justifica las recientes inundaciones que sufrieron en un momento catorce provincias argentinas. Solo se cultivan aquellos granos que tienen mayor demanda en el mercado, independientemente de si los mismos son los que requiere la alimentación humana.

Etchevehere asume como Ministro de Agroindustria
Estamos viviendo una paradoja: según la FAO, cada año aumenta la producción de granos y al mismo tiempo aumenta el hambre en el mundo. Los agronegocios requieren obtener de cada hectárea cultivada el mayor rédito económico. Por lo cual, solo cultivan lo que mayor precio tenga en el mercado y para esto apelan a semillas modificadas y grandes cantidades de agroquímicos. O como afirman los damnificados por estas prácticas, “agrotóxicos”.
Y aquí está el núcleo de la discusión. Quienes llevan adelante este tipo de explotación agrícola, que requiere de fertilizantes, pesticidas y herbicidas químicos, aseguran que las mismas son inocuas, que no causan ningún daño ni al ambiente ni a las personas que habitan las zonas rurales. Recientemente, fue nombrado Ministro de Agroindustria de la Nación un terrateniente entrerriano, Luis Miguel Etchevehere, quien fuera hasta ese momento titular de la Sociedad Rural Argentina (SRA), el más importante nucleamiento de ruralistas de la Argentina y habló de diversos temas vinculados a su cartera, entre los que defendió el uso de ciertos químicos como el glifosato.
“Vamos a continuar con las políticas que está llevando adelante la Argentina, de buenas prácticas en las aplicaciones. Incluso, la palabra agrotóxicos es un poco agresiva. Son productos fitosanitarios que se utilizan para mejorar la producción ni más ni menos que de alimentos”, definió Etchevehere.

El agronegocio sigue fumigado escuelas
Sin intención de polemizar con el Ministro, recuerdo que la OMS clasifica al glifosato como cancerígeno. Además, los dichos del flamante Ministro parecen estar desmentidos en los hechos. Hace unos años, un mapeo epidemiológico realizado en un barrio de las periferias de la ciudad de Córdoba, demostró que estas prácticas son perjudiciales para la salud. En el barrio Ituzaingó, el mapeo realizado por los vecinos demostró que muchos de sus habitantes tenían acumulación de estos tóxicos y los enfermos y fallecidos por cáncer eran mucho mayores que el promedio estadístico. Esta recolección de pruebas llego a la justicia quien condenó a tres personas por esto.
Tampoco está de acuerdo con el ministro su coterráneo, el senador provincial Exequiel Blanco (Departamento Tala), quien presentó un proyecto de ley para prohibir “el uso, aplicación, almacenamiento, distribución y comercialización del producto llamado glifosato, y toda aquella composición que lo contenga”.
Una investigación publicada por la revista internacional Environmental Pollution y realizada por científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) reveló que el herbicida glifosato no hace más que acumularse en los campos argentinos, principalmente en la provincia de Entre Ríos, y Urdinarrain encabeza el ranking mundial.

Antonella González cuando estaba internada en el Hospital Garrahan
Simultáneamente en otras regiones de nuestro país, se producen situaciones semejantes, por sus condiciones productivas. Santa Fe registra una cantidad de denuncias de fumigaciones que no respetan los límites de seguridad entre los sembradíos y los pueblos, y en particular, las escuelas rurales. También en la Pampa Húmeda sur aparecen las quejas. Recientemente una publicación francesa investigó el caso y en la ciudad de Rojas encontró que Guillermo Arejo Fischnaller realiza campañas a través de redes sociales y reuniones ciudadanas para concientizar a la gente acerca de los peligros de la agricultura intensiva.
“¿Inocuo? ¿El glifosato? Pregúntenselo a los argentinos. En veinte años, la Pampa húmeda fue colonizada por cultivos transgénicos de soja, trigo y maíz y bombardeada de glifosato, provocando un terrible daño a la salud de niños y adultos”, afirmó Fischnaller. Y agrega la publicación. “Cánceres, malformaciones, trastornos de la tiroides se multiplican, mientras que los suelos pierden vida pues dejan de absorber el agua de lluvia, que termina inundando campos y pueblos y transmiten los contaminantes al agua subterránea y a los ríos. El colmo de los colmos: el herbicida que se supone que mata todas las malezas no deseadas ha engendrado más de 30 variedades que ahora son resistentes a ella. El viaje al país del ‘milagro glifosato’ que se convirtió en una pesadilla…”(1)
Ya en marzo de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), concluyó que "existe evidencia suficiente" para relacionar al glifosato con, precisamente, la proliferación de la enfermedad.
Pero en el terruño del Ministro Etchevehere también se cuecen habas.
El foco de atención recaló recientemente en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde se desarrolló un juicio por intoxicación de una maestra y cinco alumnos ocurrida en diciembre de 2014, que condenó a 1 año y 6 meses de prisión en suspenso a los tres imputados por una fumigación aérea sobre la Escuela Nº 44 República Argentina, de Colonia Santa Anita.
El tribunal condenó a los tres imputados: el presidente de la empresa fumigadora de Villaguay, Aero Litoral SA, Erminio Bernardo Rodríguez; al dueño que contrató el servicio, José Mario Honecker; y al piloto que manejaba la aeronave, César Martín Visconti, por “lesiones leves culposas y contaminación ambiental culposa”, por realizar la tarea en los alrededores de la escuela en horario de clase.
Pero si esto no fuese suficiente, el pasado 19 de noviembre el diario porteño Tiempo Argentino publicó una nota con un título impactante (por no afirmar que aterrador): Gualeguaychú la ciudad que no toma agua de la canilla por miedo al cáncer.
En Gualeguaychú ya nadie toma agua de la canilla. Muchos hasta dejaron de bañarse en el río. Una mujer reconoce que siente miedo hasta de respirar. Ninguno que conozca su historia se atrevería a decir que está exagerando cuando relata que, su hija Antonella González tenía la vida que quería tener a los nueve años. Antonella era tratada por asma y viajó a Santa Fe en busca de una segunda opinión. El médico que la reviso "con sólo tocarla se dio cuenta de que tenía el bazo inflamado y que debía internarla de inmediato porque podía ser leucemia". De regreso a Entre Ríos, la madre de la niña recurrió a un médico privado quien confirmó el diagnóstico. Sucede que en el hospital de Gualeguaychú no se registran niños con cáncer, no hay una lista de chicos que hayan sido diagnosticados alguna vez, pero tampoco hay oncopediatras, una buena razón para no contar con una nómina de enfermos. El médico le dijo “hasta acá llegué” y le aconsejó que la llevara a Buenos Aires.

Entre Ríos, en el diario francés "Liberation", del pasado 9 de noviembre
"Los tipos de tumores que crecieron pueden estar relacionados con los agroquímicos"
Héctor Aracena tiene 60 años, es jefe del Servicio de Oncología del Hospital Centenario, de Gualeguaychú, y responsable del Registro Provincial de Tumores de Entre Ríos para la Zona 4, que comprende Gualeguaychú, Gualeguay, Urdinarrain, Paranacito e Islas del Ibicuy. Avisa que él no hace Oncopediatría, sino que se ocupa sólo de los adultos, y con esa aclaración revela un dato importante: en toda la provincia no hay especialistas que traten el cáncer en niños y en consecuencia no hay estadísticas. El registro de los casos en Entre Ríos (solo de adultos) se creó en 2001. Desde entonces, se publican a través del Instituto Nacional del Cáncer. Pero el último informe completo es del año 2012.
"En 2001 teníamos en Gualeguaychú 270 nuevos casos por año. En 2012, esa cifra trepó a 460 (un aumento del 70%). Eso quiere decir que hay más de un nuevo caso de cáncer por día", explica Arocena. El oncólogo destaca que la incidencia (aparición de nuevos casos) del cáncer aumentó a nivel nacional y mundial y que, por supuesto, Gualeguaychú no es la excepción. Sin embargo, presenta una particularidad que enciende las alarmas: la ciudad registra el doble de incidencia en comparación con el resto de las zonas en cuatro tumores: linfomas, estómago, vejiga y riñón. "Si en las otras zonas de la provincia, el índice está en 7 u 8%, en Gualeguaychú llega a 17%, y eso tiene que ser estudiado, porque puede estar relacionado con la ingesta de agua contaminada con agroquímicos, que sabemos que son cancerígenos. Cuando uno ingiere líquido, pasa por el estómago, es absorbido por los riñones y luego depositado en la vejiga para eliminarlo.” Volviendo a Antonella González, fue ingresada al Hospital Garrahan y a las pocas horas la dejaron internada y una de las enfermeras preguntó qué pasaba en Entre Ríos, porque la mayoría de los chicos con cáncer que eran atendidos en el hospital venían de ahí.
Según la revista internacional Environmental Pollution lo que pasa en Entre Ríos es el glifosato. Una investigación publicada por la revista y realizada por científicos del Conicet, reveló que el herbicida volcado en los campos argentinos por el agronegocio no se degrada, por lo tanto, se acumula; y que la concentración de glifosato constatada en Entre Ríos, con epicentro en la localidad de Urdinarrain, dentro del departamento de Gualeguaychú, se encuentra entre las más altas a nivel mundial.
Por su parte, el bioquímico Gustavo Lerer relató que: "En el Hospital Garrahan se atienden muchos niños provenientes de Entre Ríos, pero también de otras provincias sojeras, como Santa Fe. Nosotros presentamos notas a la dirección para tener un protocolo de atención especial para estos casos que incluya, por ejemplo, preguntas sobre el lugar donde viven, si están cerca de campos fumigados, pero seguimos esperando una respuesta. Los trabajadores venimos alertando sobre los agrotóxicos hace mucho, pero nadie asume la responsabilidad", se queja Lerer, que además de bioquímico es delegado de ATE en el Garrahan.
En la segunda parte de esta nota, comentaré qué se opina en Europa. La importancia de conocer lo que se come y la agroecología como alternativa de modelo de producción.
(1)
https://www.ouest-france.fr/economie/agriculture/como-el-glifosato-envenena-la-pampa-humeda-5382816
Fuentes: Imágenes capturas Web - riouruguay.uy - Tiempo Argentino - Sobre Ciencia, Uruguay - www.ouest-france.fr - Propias - Revista El Federal