por Candela Saldaña - 11 may 2019
En el Río de la Plata, las Invasiones Inglesas fueron un suceso inesperado que antecedió y contribuyó al inicio del proceso revolucionario. Ante la ineficaz actuación de las autoridades españolas, los habitantes de Buenos Aires y de otras regiones del Virreinato debieron hacerse cargo de la defensa, lo que les permitió organizarse militarmente y reconocer su capacidad para gobernarse.
A principios del siglo XIX, la alianza con Francia convirtió a España en enemiga de Gran Bretaña. Como consecuencia de la derrota en Trafalgar, la Corona española perdió el control de las comunicaciones marítimas con sus colonias.

Buenos Aires era español y los británicos quisieron invadirla
Al mismo tiempo, Gran Bretaña, que se hallaba en plena Revolución Industrial y necesitaba del mercado europeo para colocar su producción, comenzó a padecer los efectos del bloqueo continental decretado por Napoleón. Esta situación la obligó a buscar nuevos mercados en otros lugares del mundo.
Fue así como eligió por objetivo las posesiones españolas en el Río de la Plata, donde el monopolio español perjudicaba a los comerciantes británicos. Así se conjugaron dos tipos de intereses: el militar y el comercial. Gran Bretaña quería asegurarse una base militar para la expansión de su comercio y, a la vez, golpear a España en un punto débil de sus posesiones coloniales.

Lucha en las calles
En abril de 1806 se dio la primera invasión inglesa en el Río de la Plata. Sin autorización de la Corona Inglesa, tropas británicas emprendieron una expedición desde cabo de Buena Esperanza, con el objetivo de ocupar Buenos Aires. Eran unos mil seiscientos hombres al mando de Home Riggs Popham y William Carr Beresford. El 25 de junio desembarcaron en Quilmes, al sur de la ciudad. Los jefes ingleses suponían que sería una conquista fácil y que tendrían el apoyo de los criollos, a quienes pensaban convencer con promesas de independencia y de comercio libre.
Ante las noticias del avance inglés, el virrey Sobremonte se retiró a Córdoba, en busca de ayuda militar que nunca llegó. El 28 de junio, las tropas de Beresford ocuparon la ciudad. Las autoridades españolas no ofrecieron resistencia y juraron fidelidad al monarca ingles Jorge III. Incluso entregaron parte de los caudales reales y los depósitos militares, por miedo a que los dispusieran de las fortunas privadas. En cambio, la mayoría de los criollos no aceptaron la presencia inglesa, en la que veían una nueva dominación colonial.

Santiago de Liniers
Mientras la ciudad se hallaba ocupaba por los ingleses, el capitán de navío Santiago de Liniers, Juan Martín de Pueyrredón y Martín de Álzaga organizaron tropas. Liniers reunió tres mil hombres en la Banda Oriental, con los que desembarcó el 3 de agosto cerca de San Fernando, al norte de la ciudad. El 12 de agosto entró a la ciudad para iniciar la Reconquista. Los habitantes se sumaron a una intensa lucha callejera en el centro de la ciudad y en la zona del Retiro. Finalmente, los británicos se rindieron.
El 14 de agosto, los vecinos celebraron un cabildo abierto para decidir sobre la crisis de autoridad que había producido la conducta del virrey. Delegaron el mando militar en Liniers y los asuntos de gobierno en el presidente de la Audiencia. Ante la posibilidad de una nueva invasión inglesa, Liniers organizó cuerpos de milicias.
En febrero de 1807, una nueva expedición inglesa al mando del brigadier Achmuty conquistó Montevideo. Alarmados por la actitud del virrey Sobremonte, quien no interpuso resistencia alguna, el 10 de febrero los habitantes de Buenos Aires exigieron su deposición frente al Cabildo. Liniers convocó a una junta de guerra que resolvió destituir a Sobremonte y poner a Liniers en el mando militar.

Rendición
El 28 de junio, unos ocho mil soldados ingleses, dirigidos por el teniente general John Whitelocke avanzaron sobre Buenos Aires. Liniers intentó detenerlos pero fue vencido; primero, en la zona del Riachuelo, y luego, en los Corrales de Miserere.
El 5 de julio los ingleses penetraron en la ciudad, que esta vez se hallaba preparada para la defensa. El comerciante Martín de Álzaga, alcalde del Cabildo, organizó la resistencia de los habitantes de Buenos Aires, que lucharon junto a los milicianos desde trincheras que cortaban las calles y desde los techos y ventanas de las casas.

Martín de Álzaga
Dos días después, sin haber ocupado la ciudad, Whitelocke capituló. Los ingleses tuvieron que abandonar sus posiciones en el Río de la Plata y Buenos Aires volvió a ser lo que fue. Pero solo en apariencia. La situación había cambiado profundamente a causa de las experiencias realizadas, dentro del cuadro de una situación internacional muy oscura.
Las Invasiones Inglesas produjeron consecuencias decisivas para el inicio de la Revolución de Mayo. Revelaron la fragilidad del orden colonial, la conducta de huida del virrey Sobremonte puso en cuestión el sistema de autoridad de la Corona española y la militarización de la ciudad otorgó un nuevo estatus de acción política para los criollos.
Poco a poco, comenzaría a verse que las transformaciones provocadas por las invasiones inglesas, configurarían una nueva era en el desarrollo de las facultades institucionales del Virreinato del Río de la Plata. Nombre que con el correr de guerras independentistas y sesiones de cabildos abiertos cambiaría al estado libre e independiente de una Nación Argentina.